Ibones desde un refugio de montaña

Una red de refugios.

Blandit lenis nimis premo tum validus. Cogo iusto pala velit. Ad pertineo qui te valetudo.

Los ibones son lagos de montaña y, aunque hay algunos de fácil acceso, otros muchos requieren experiencia en alta montaña, lo que significa estar preparado física y técnicamente. Para facilitar la visita a muchos de estos lagos, podemos contar con la red aragonesa de refugios de montaña, que hacen del Pirineo un lugar mucho más seguro.

Al precioso ibón de Estanés (Ansó), uno de los más occidentales del Pirineo aragonés, se puede acceder desde el refugio de Lizara por el fascinante valle de los Sarrios. En la zona del valle de Tena, pertenecientes a Panticosa, están los de Brazatos, accesibles desde el refugio Casa de Piedra –situado junto al balneario de Panticosa–, y Pecicos, a los que se llega desde el refugio Ibones de Bachimaña. También en el valle de Tena está el de Llena Cantal (Sallent de Gállego), para el que se usa como base el refugio de Respomuso. Todos ellos, en un soberbio paisaje de picos que rayan o superan los 3 000 m de altitud.

Desde el emblemático refugio de Góriz, se parte en busca del ibón Chelau de Monte Perdido (Fanlo), a los pies de la tercera cima de la cordillera. Y con magníficas vistas al glaciar de la Punta de Treserols o Monte Perdido está el de Marboré (Bielsa), al que se accede desde el refugio de Pineta. Ambos se localizan dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

En el valle de Chistau, el refugio de Viadós da soporte para ir a conocer los ibones de Millares (San Juan de Plan), a los pies de la cara occidental del macizo del Lardana o Posets. En la cara oriental de este gran pico, la segunda mayor cima de los Pirineos, aguarda el ibón de Llardaneta (Sahún), al que se llega desde el refugio Ángel Orús. Y algo más al norte, el refugio de Estós permite una gran excursión hasta el ibón de Chíes o Gías (Benasque), en el macizo del Perdiguero.

Finalmente, en el macizo de las Maladetas aguardan el ibón de Barrancs (Benasque), de una singular forma triangular, al que se llega desde el refugio de La Renclusa; y el estany Cap de la Vall (Montanuy), uno de los más orientales del Pirineo aragonés, al que ir desde el refugio Cap de Llauset.

Son ibones de alta montaña, por lo que hay que tener experiencia en este medio y también capacidad física y técnica para moverse por él.

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